El juego en niños con TEA es una herramienta fundamental para su desarrollo. Desde los primeros meses de vida hasta la adolescencia, cada etapa del juego tiene características específicas que reflejan el desarrollo cognitivo, social y emocional del niño.
En niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), el desarrollo del juego puede presentar particularidades, como una menor tendencia a la reciprocidad social, dificultad en la imitación espontánea o una preferencia por juegos repetitivos o sensoriales. Adaptar las estrategias a sus necesidades es clave para potenciar su aprendizaje y comunicación. Del mismo modo, la intervención temprana facilita y maximiza sus oportunidades de aprendizaje.
Pero ¿cómo evoluciona el juego en niños con TEA y qué estrategias podemos aplicar en cada etapa para estimularlo?
El desarrollo del juego no siempre sigue un ritmo lineal ni se ajusta estrictamente a las etapas normotípicas. En niños con TEA y otras dificultades del desarrollo, las habilidades emergentes pueden aparecer en momentos diferentes a los esperados. Por ello, en la intervención profesional priorizamos las competencias individuales sobre la edad cronológica, adaptando las estrategias a las necesidades específicas de cada niño.
0-6 meses: Exploración sensorial y reflejos
El bebé juega con su propio cuerpo y reacciona a estímulos externos. En esta etapa predominan los reflejos involuntarios y los primeros movimientos coordinados.
¿Cómo estimular el juego?
- Juegos de interacción como el contacto piel con piel y las caricias.
- Hablarle y cantarle para reforzar el vínculo.
- Juguetes con diferentes texturas y sonidos suaves.
- Móviles de cuna con colores contrastados.
Un enfoque moderno:
El enfoque Pickler enfatiza la autonomía del bebé, el movimiento libre y el respeto por su ritmo natural del desarrollo. Además, se ha demostrado que la autonomía motriz favorece el desarrollo sensorial y cognitivo del bebé; por tanto, desde la perspectiva de la estimulación temprana del juego infantil y el enfoque Pickler, se prioriza la libertad de movimiento del bebé y la exploración autónoma. No es necesario forzar posturas o interrumpir sus propios ritmos de juego. Esto es especialmente relevante en niños con TEA, puesto que pueden tener una sensibilidad distinta al entorno.
Juego en niños con TEA: Es importante estar atentos a las respuestas sensoriales del bebé, ya que pueden tener hiper/hipo sensibilidad a ciertos estímulos (texturas, sonidos, olores…), por lo que ajustar los estímulos según sus necesidades favorece una experiencia de juego positiva.
6-12 meses: Descubrimiento de acciones y permanencia del objeto
Aparecen las reacciones circulares secundarias, que, a diferencia de las primarias (centradas en el propio cuerpo), implican la interacción con objetos del entorno. En esta etapa, el bebé repite acciones que le resultan atractivas, descubriendo que sus movimientos generan efectos en el mundo. Además aparece la permanencia de objeto, que es la capacidad del bebé para entender que un objeto sigue existiendo aunque no lo vea. Es un hito clave en el desarrollo cognitivo, ya que sienta las bases para las futuras habilidades mentalistas, como la comprensión de que otras personas tienen pensamientos y conocimientos diferentes a los propios.
¿Cómo estimular el juego?
- Juguetes de causa-efecto (sonajeros, botones que emiten sonidos).
- Juegos de esconder y buscar (cucú-tras).
- Experiencias con diferentes objetos (texturas, formas, tamaños).
- Juegos motores como cosquillas y balanceos.
Un enfoque moderno:
Montessori fomenta la exploración sensorial con materiales reales, evitando juguetes con estímulos artificiales que pueden sobrecargar a algunos niños. Este enfoque favorece el desarrollo de la autonomía y la concentración. En niños con TEA, proporciona una interacción más estructurada y predecible con el entorno, reduciendo la ansiedad y promoviendo una exploración sensorial controlada.
Juego en niños con TEA: el interés por juegos interactivos como el cucú-tras puede ser menor. Para favorecer su participación, se recomienda exagerar las expresiones faciales o usar objetos que capten su atención.
12-18 meses: Coordinación de acciones y primeras imitaciones
Aparece la intención en el juego. El niño empieza a combinar objetos con un propósito e imita lo que ve en su entorno.
¿Cómo estimular el juego?
- Juguetes de encajar y apilar.
- Fomentar la imitación en actividades cotidianas (darle un cepillo para que se peine).
- Juegos de interacción como hacer torres juntos o empujar un coche.
- Mirar cuentos con imágenes llamativas.
Un enfoque moderno:
Reggio Emilia promueve la exploración libre del entorno con materiales naturales, considerando el ambiente como un facilitador del aprendizaje. Este enfoque fomenta la creatividad y la autonomía del niño. En TEA, un entorno estructurado pero flexible puede facilitar la exploración espontánea sin generar sobrecarga sensorial.
Juego en niños con TEA: La imitación puede no surgir de forma espontánea o darse de manera selectiva. Para favorecer su desarrollo es útil modelar las acciones de forma clara y exagerada, acompañándolas de gestos y sonidos. Métodos como ImPACT pueden ayudar a integrar la imitación en interacciones naturales, reforzando los intentos del niño sin generar presión.
18-24 meses: Inicio del juego simbólico
El niño comienza a representar situaciones de la vida real en su juego (hacer como si…). Puede dar de comer a un muñeco o hablar por un teléfono imaginario.
¿Cómo estimular el juego en niños con TEA?
- Ofrecer materiales simples que favorezcan la creatividad (cajas, telas, muñecos).
- Jugar a intercambiar roles (eres el médico, yo el paciente). En niños con TEA, el juego simbólico puede no surgir espontáneamente. Para favorecer su participación, se pueden introducir secuencias visuales con imágenes de cada paso del juego (dar de comer al muñeco, acostarlo, arroparlo), facilitando la comprensión y estructuración de la actividad.
- Permitir la exploración de escenarios diversos (cocinitas, herramientas de juguete).
Un enfoque moderno:
Desde DIR/Floortime, se enfatiza la interacción individualizada, el seguimiento del interés del niño y el refuerzo de la comunicación social; es decir, el adulto sigue la iniciativa del niño en el juego, ajustando su participación para ampliar la interacción sin imponer estructuras rígidas y así, favorecer el desarrollo del juego. Es especialmente útil para niños con TEA porque se basa en seguir su iniciativa y ampliar sus interacciones de forma respetuosa. Se adapta al nivel de desarrollo y fortalece la comunicación social a través del juego.
Juego en niños con TEA: El juego simbólico puede no aparecer de forma espontánea. Se puede trabajar con modelado y apoyos visuales para ampliar su repertorio de juego.
2-3 años: Expansión del juego simbólico
El niño combina acciones y juguetes, desarrolla secuencias más largas y puede representar diferentes personajes.
¿Cómo estimular el juego en niños con TEA?
- Juguetes que representen la vida cotidiana (muñecos, cocinas, coches).
- Espacios de juego que inviten a la exploración (casitas, tiendas de campaña).
- Juegos de imitación con mayor complejidad (vamos al supermercado y compramos frutas).
Un enfoque moderno:
A diferencia de metodologías centradas en la imitación de roles adultos, el enfoque basado en el juego busca potenciar la creatividad, la resolución de problemas y la imaginación y el pensamiento divergente a través de la exploración.
Juego en niños con TEA: El juego simbólico puede ser más rígido o repetitivo, limitándose a secuencias conocidas sin variaciones. Para ampliar su repertorio de juego, se pueden utilizar historias sociales y secuencias visuales que estructuren la actividad y les ayuden a anticipar cada paso, favoreciendo una mayor flexibilidad en la interacción.
3-6 años: Juego imaginativo y primeras reglas
El juego se vuelve más social y narrativo. Los niños crean historias más elaboradas y comienzan a comprender reglas sencillas y aparecen los amigos imaginarios.
¿Cómo estimular el juego en niños con TEA?
- Disfraces y accesorios para fomentar la imaginación.
- Juegos de mesa sencillos con turnos. Los niños con TEA pueden beneficiarse de juegos con normas claras y predecibles. Se pueden usar pictogramas o tarjetas visuales que indiquen los turnos y refuercen la secuencia del juego.
- Construcciones más complejas con bloques o material reciclado.
- Espacios abiertos para el juego libre en grupo.
Un enfoque moderno:
Waldorf prioriza el juego libre y la creatividad, evitando estructuras rígidas y apostando por materiales naturales. Este enfoque respeta el ritmo individual de cada niño y promueve la imaginación. En niños con TEA, reduce la sobrecarga sensorial y fomenta la autonomía al ofrecer un entorno menos demandante y más accesible.
Juego en niños con TEA: La comprensión de las reglas del juego puede ser un desafío, especialmente si implican flexibilidad o negociación con otros niños. Para facilitar su participación, se pueden emplear guiones visuales que expliquen de forma clara cada paso del juego, y utilizar refuerzos positivos para motivarles y reforzar la experiencia de juego en grupo.
6-12 años: Juegos de reglas y construcción
El pensamiento lógico permite entender normas más complejas. Se desarrollan juegos en equipo, juegos de mesa estratégicos y construcciones elaboradas.
¿Cómo estimular el juego en niños con TEA?
- Juegos de mesa con estrategia (ajedrez, cartas). Los juegos cooperativos pueden ser una buena opción para niños con TEA, ya que reducen la ansiedad por ganar o perder. Explicar las reglas de forma visual y hacer ensayos previos puede ayudarles a participar con mayor confianza.
- Deportes en equipo para desarrollar la cooperación.
- Construcciones avanzadas (Lego, maquetas).
- Juegos de resolución de problemas o acertijos.
Un enfoque moderno:
La gamificación utiliza dinámicas de juego para hacer el aprendizaje más motivador y estructurado. Para niños con TEA, proporciona normas claras y refuerzos positivos, facilitando la comprensión de reglas y la participación en juegos grupales.
Juego en niños con TEA: Los juegos de reglas pueden resultar más accesibles cuando estas son claras, predecibles y se mantienen sin cambios inesperados. Es recomendable introducir normas de forma visual y estructurada, permitiendo ensayos previos para familiarizarse con la dinámica del juego. La gamificación educativa, al incorporar refuerzos y objetivos progresivos, puede ser una herramienta eficaz para aumentar la motivación y la participación.
+12 años: Juegos estratégicos y sociales
El juego sigue siendo una parte importante del desarrollo, ahora centrado en la socialización, la creatividad y el pensamiento crítico.
¿Cómo estimular el juego en niños con TEA?
- Juegos de rol y estrategia. Los juegos de rol estructurados, con personajes predefinidos y guiones claros, pueden facilitar la participación de niños con TEA en interacciones sociales, permitiéndoles practicar habilidades de comunicación en un contexto predecible.
- Actividades en grupo como escape rooms o juegos narrativos.
- Deportes y actividades que requieran coordinación y trabajo en equipo.
- Videojuegos educativos y creativos.
Un enfoque moderno:
Se ha demostrado que los juegos de rol y videojuegos narrativos pueden fomentar el pensamiento crítico, la creatividad y la toma de decisiones estratégicas. Para niños con TEA, pueden ser útiles en el desarrollo de habilidades sociales y cognitivas en un entorno estructurado y predecible.
Juego en niños con TEA: Los juegos estratégicos y sociales pueden ser más accesibles cuando se estructuran en torno a sus intereses y se presentan con reglas claras y predecibles. Los juegos de rol con personajes predefinidos y guiones estructurados pueden ayudarles a practicar habilidades sociales en un entorno seguro, reduciendo la ansiedad y fomentando la interacción progresiva con iguales.
El papel del adulto en el juego
No se trata de dirigir el juego, sino de ofrecer un entorno rico en estímulos y oportunidades.
El adulto debe adaptar su nivel de participación a las necesidades del niño, favoreciendo su autonomía sin dejar de brindarle apoyo cuando lo requiera.
- Juego pasivo: El adulto observa sin intervenir, permitiendo que el niño explore a su propio ritmo y gane confianza en su entorno.
- Juego guiado: El adulto participa activamente sin dirigir, aportando pequeñas sugerencias para ampliar el juego sin imponer normas estrictas.
- Juego estructurado: Se establecen reglas y turnos claros para ofrecer un marco predecible que facilite la participación y la interacción social.
En niños con TEA, adaptar el nivel de intervención es clave para respetar su ritmo y favorecer una experiencia de juego positiva.
Acompañar sin interrumpir, proponer sin imponer y permitir que los niños lideren el juego son claves para su desarrollo.
El juego no solo es una oportunidad de disfrute, sino la herramienta más poderosa para estimular la comunicación, la interacción social y el aprendizaje. Con el enfoque adecuado, podemos convertir cada momento de juego en un espacio de conexión y crecimiento.
Juego en niños con TEA: La intervención en el juego debe adaptarse a sus necesidades individuales. Técnicas como las del método ImPACT pueden ayudar a que los padres utilicen el juego como una herramienta natural para fomentar la comunicación. Además, si un niño con TEA tiene dificultades para integrarse en un juego grupal, puede empezar con un rol con una función clara y predecible, como repartir las cartas en un juego de mesa o ser el encargado de anotar los puntos. Esto le permite participar sin la presión de interacciones sociales espontáneas.
Un enfoque flexible y centrado en el niño
Desde nuestra experiencia en la intervención en TEA, entendemos que no existe un único enfoque válido para favorecer el juego y el desarrollo. Cada niño presenta un perfil único de fortalezas, desafíos y preferencias, lo que hace que su manera de jugar y aprender varíe significativamente.
Por tanto, nuestra labor como profesionales no es imponer una única metodología, sino identificar qué estrategias permiten que cada niño disfrute y aprenda a través del juego, asegurando una experiencia accesible y enriquecedora, sin generar frustración ni expectativas rígidas.
El juego es una herramienta de desarrollo y conexión, pero solo es significativo cuando se adapta a la forma en que el niño comprende e interactúa con el mundo. Por eso, más allá de cualquier enfoque pedagógico, es el niño quien marca el ritmo y la dirección del juego. Los profesionales identificamos qué estrategias se adaptan mejor a sus necesidades individuales, asegurando que el juego sea una experiencia accesible y enriquecedora, sin generar frustración ni imponer expectativas externas.
¿Y si pudieras potenciar cada momento de juego para mejorar la comunicación y el desarrollo de tu hijo?, ¿te gustaría aprender cómo aprovechar cada interacción con tu hijo?
Si quieres saber más sobre cómo aplicar estas estrategias en casa y apoyar su desarrollo desde el juego, contáctanos y te acompañaremos en este proceso.

