Mascotas y TEA: vínculo, beneficios y consideraciones clínicas

13/08/2025

Introducción

La relación entre seres humanos y animales domésticos ha sido objeto de estudio en múltiples disciplinas, desde la etología hasta la psicología del desarrollo. En el caso del Trastorno del Espectro del Autismo (TEA), el interés por las mascotas como facilitadoras de interacción social y bienestar emocional ha crecido significativamente en las últimas décadas. Más allá de la percepción intuitiva o anecdótica, el vínculo con animales puede generar efectos positivos en determinadas áreas del desarrollo, aunque no está exento de matices.

En este artículo exploramos los beneficios de las mascotas y TEA desde una perspectiva clínica, emocional y educativa.

¿Qué papel pueden tener las mascotas en niños con autismo? La literatura científica ha documentado beneficios asociados a la convivencia con animales en personas con TEA, especialmente en los ámbitos de la regulación emocional, la disminución del estrés y la mejora de las habilidades sociales.

Fundamentos teóricos y evidencia científica

Los estudios sobre mascotas y TEA han ganado terreno en la última década, posicionando esta relación como un área clave de interés en el abordaje del autismo.

Diversos estudios han explorado los efectos de la interacción con mascotas — especialmente perros y gatos— en niños con autismo. Algunos trabajos destacan que el vínculo con un animal puede servir como “puente social”, facilitando interacciones con otros niños o adultos al reducir la carga cognitiva que suponen las relaciones humanas directas (O’Haire, 2013; Carlisle, 2014).

Los animales, al ofrecer una forma de relación menos exigente en términos de lenguaje verbal y normas sociales implícitas, pueden contribuir a un entorno relacional más accesible para algunos perfiles de TEA. Además, la presencia de una mascota se asocia con menores niveles de cortisol en situaciones estresantes (Beetz et al., 2012), así como con un incremento de comportamientos sociales positivos en contextos familiares y escolares (Silva et al., 2011).

Sin embargo, la evidencia no es concluyente: otros estudios no encuentran efectos significativos o advierten que los beneficios dependen en gran medida del perfil del niño, del tipo de animal y del entorno familiar.

Vínculo afectivo y seguridad emocional

En muchos casos, las mascotas ofrecen una fuente estable de afecto incondicional. Para algunos niños con TEA, este vínculo puede constituir un apoyo regulador en momentos de ansiedad o sobrecarga sensorial. El animal no juzga, no exige reciprocidad verbal inmediata y responde a señales afectivas básicas, lo que puede generar una experiencia relacional segura y predecible.

En este sentido, algunos niños establecen con su mascota una forma de apego que puede funcionar como modelo relacional alternativo. Este tipo de vínculo puede favorecer el desarrollo de competencias socioemocionales, como la empatía o la toma de perspectiva, especialmente en contextos en los que estas habilidades no se despliegan de forma espontánea.

Estos beneficios relacionales han consolidado el interés por mascotas y TEA como un área de intervención prometedora en contextos clínicos y familiares.

Terapias asistidas con animales: enfoques, beneficios y evidencia científica

Las intervenciones asistidas con animales (IAA) constituyen una modalidad terapéutica complementaria cada vez más reconocida dentro del abordaje multidisciplinar del trastorno del espectro autista (TEA). Estas intervenciones se caracterizan por la inclusión intencionada y planificada de un animal, bajo la supervisión de un profesional acreditado, con el fin de alcanzar objetivos terapéuticos concretos en las áreas de comunicación, regulación emocional, habilidades sociales, conducta adaptativa y bienestar general.

Tipos de intervención

Las IAA pueden dividirse, de forma general, en tres grandes categorías:

  • Terapia Asistida con Animales (TAA): intervención estructurada, diseñada y evaluada por un profesional de la salud (psicólogo, logopeda, terapeuta ocupacional, etc.), con participación activa del animal como co-terapeuta. Es el formato con mayor respaldo científico y mayor exigencia metodológica.
  • Educación Asistida con Animales (EAA): se aplica en contextos educativos para facilitar procesos de aprendizaje, mejora de la atención, motivación o habilidades sociales, especialmente en niños con necesidades educativas especiales.
  • Actividades Asistidas con Animales (AAA): sin objetivos clínicos definidos ni supervisión profesional obligatoria, estas actividades buscan promover el bienestar, la relajación y la motivación a través del contacto con animales, pero no constituyen una intervención terapéutica en sentido estricto.

Modalidades más estudiadas

Aunque existen programas con diversos animales (caballos, perros, delfines, etc.), los estudios más sólidos se han centrado en tres tipos principales:

  • Terapia asistida con perros (canoterapia): se ha asociado de forma consistente con mejoras en interacción social, comunicación funcional, regulación emocional y disminución de la ansiedad. Un metaanálisis reciente (Berry et al., 2023) documenta mejoras moderadas a grandes en habilidades sociales y estrés percibido en niños con TEA tras 8 a 12 sesiones de TAA con perros. Además, algunos estudios han señalado mejoras indirectas en autonomía funcional, como el desarrollo de rutinas cotidianas (alimentar, pasear o cuidar al animal) que refuerzan la iniciativa, la planificación y la responsabilidad en el niño o adolescente con TEA.
  • Terapia ecuestre y equinoterapia: estudios como los de Kendall et al. (2022) y Gabriels et al. (2018) señalan beneficios clínicamente significativos en la conducta adaptativa, reducción de conductas repetitivas, mejora de la coordinación motora y del afrontamiento emocional en niños con TEA que participan en programas estructurados de intervención con caballos.
  • Intervenciones con animales pequeños (conejos, cobayas, etc.) en entorno escolar: investigaciones más recientes, como la de O’Haire et al. (2020), han encontrado mejoras en el comportamiento prosocial, la atención sostenida y la tolerancia a la frustración cuando se incorporan animales en el aula de forma regular, siempre bajo supervisión y con protocolos adaptados.

Sin embargo, en una revisión reciente de 97 estudios publicados hasta 2025, se observó que el enfoque más representado no corresponde a las intervenciones terapéuticas formales, sino a la convivencia continuada con mascotas en el entorno familiar, presente en el 38 % de los trabajos analizados. Le siguen la terapia asistida con perros (27 %) y las intervenciones ecuestres (19 %). Esta distribución refleja una tendencia creciente a investigar entornos naturales y sostenibles de interacción humano-animal, más allá de los contextos clínicos estructurados.

Esto confirma que el vínculo entre mascotas y TEA trasciende el espacio terapéutico, integrándose cada vez más en los hogares como herramienta de apoyo al desarrollo.

Variables moderadoras y consideraciones éticas

La evidencia acumulada muestra que los efectos positivos de las IAA en personas con TEA no son homogéneos, sino que dependen de variables moderadoras como:

  • el perfil cognitivo y comunicativo del niño o adolescente,
  • la experiencia previa con animales,
  • la calidad del vínculo establecido con el animal,
  • la formación del equipo terapéutico,
  • y la frecuencia y duración de las sesiones.

Asimismo, diversos autores subrayan la necesidad de garantizar el bienestar animal como condición imprescindible para la validez y sostenibilidad de estas intervenciones (Ng et al., 2021; Esposito et al., 2022). Estos factores también condicionan los efectos observados en contextos no estructurados, como la convivencia familiar.

Más allá de los entornos clínicos o educativos estructurados, la convivencia diaria con una mascota en el hogar puede generar beneficios significativos para las personas con TEA. Numerosos estudios observacionales han documentado que los niños que establecen un vínculo afectivo con su animal de compañía —especialmente perros o gatos— presentan mayores niveles de conducta prosocial, menores indicadores de ansiedad basal y una mayor disposición espontánea al contacto social (O’Haire, 2017; Carlisle, 2020). A diferencia de las terapias asistidas, donde el vínculo es puntual y mediado por un profesional, en el entorno doméstico la relación con la mascota se configura como una fuente estable de apego, regulación emocional y estructuración de rutinas, lo que puede favorecer la estructuración de hábitos, el desarrollo progresivo de autonomía funcional (al asumir tareas cotidianas relacionadas con el cuidado del animal) y una mayor comprensión y expresión de emociones en contextos naturales. No obstante, estos beneficios dependen en gran medida del ajuste entre las características del niño, las necesidades del animal y la capacidad de la familia para mediar y sostener adecuadamente esa convivencia.

Estas observaciones refuerzan el potencial positivo de las mascotas y TEA como recurso cotidiano y complementario para el desarrollo funcional.

Recomendaciones finales para familias

Antes de incorporar una mascota en la vida de un niño con TEA, es fundamental:

  • Realizar una valoración individual del perfil sensorial del niño.
  • Asegurarse de que la familia dispone de los recursos necesarios para el cuidado del animal.
  • Definir con claridad las expectativas de ese vínculo (compañía, motivación, regulación emocional…).
  • Supervisar los primeros contactos de forma estructurada y progresiva.
  • Establecer límites claros y prever protocolos ante posibles conductas impulsivas o de riesgo.

En todos los casos, se recomienda consultar con un profesional clínico especializado en desarrollo infantil y autismo antes de incorporar una mascota. Este acompañamiento permite valorar si la presencia del animal puede convertirse en un facilitador real del vínculo familiar y no en una carga adicional. La decisión debe tomarse de forma compartida, informada y contextualizada.

Del mismo modo, en algunos perfiles con reacciones impulsivas intensas, sensibilidad sensorial extrema o dificultades de autorregulación graves, la introducción de una mascota podría no ser recomendable. Evaluar cuidadosamente estos factores junto a un profesional es fundamental para evitar consecuencias negativas tanto para el niño como para el animal. Así, la convivencia entre mascotas y TEA puede convertirse en una fuente de bienestar y crecimiento cuando se aborda con responsabilidad y acompañamiento profesional.