Esquema corporal y pensamiento no verbal: por qué el cuerpo organiza antes que las palabras

14/10/2025

El desarrollo del niño no se construye con ideas abstractas, sino con lo que vive y experimenta. El cuerpo organiza antes que las palabras. El esquema corporal y pensamiento no verbal son los primeros organizadores de la experiencia, sobre los que después se construyen el pensamiento, el lenguaje y la memoria.

Aunque con frecuencia se identifica el pensamiento con el lenguaje, muchas investigaciones han puesto de manifiesto que existen formas de representación no lingüística —visuales, espaciales, sensoriomotoras— que sirven de base al pensamiento, antes del lenguaje; es decir, pensamos sin palabras antes de hablar.

En este contexto, el esquema corporal emerge como una de las plataformas estructurales más relevantes: es el andamiaje interno que permite al niño ubicarse en el espacio, diferenciarse del entorno y organizar la acción antes de que aparezcan las palabras.

Este artículo explora la relación entre el esquema corporal y el pensamiento no verbal desde una perspectiva neuropsicológica, integrando hallazgos contrastados de la literatura científica e ilustrando su relevancia clínica con ejemplos comprensibles para familias.

¿Qué es el esquema corporal?

Desde un punto de vista funcional, el esquema corporal es la imagen interna que cada persona tiene de su propio cuerpo. Esta imagen se forma gracias al movimiento, al contacto físico, al equilibrio y a lo que vemos de nosotros mismos. Nos permite saber dónde está cada parte del cuerpo, cómo se mueve y cómo se relaciona con el espacio y con los demás.

Desarrollo progresivo

Las etapas del desarrollo del esquema corporal pueden variar un poco según el autor o el enfoque que se utilice. Aquí mostramos una forma de entenderlo que resume lo que muchos profesionales observamos en la práctica, aunque no sea la única manera de describirlo.

Durante los primeros años de vida, el esquema corporal pasa por diferentes etapas:

  • Etapa vivencial (0–2 años): se siente el cuerpo pero no está diferenciado ni organizado. La experiencia se basa en el tono muscular, el contacto físico y el movimiento reflejo, es decir, es una etapa pre-reflexiva, donde el cuerpo se experimenta pero no se representa.
  • Etapa de segmentación (2–5 años): el niño empieza a reconocer y nombrar partes del cuerpo (en sí mismo y en los demás) y a representarlas simbólicamente, porejemplo, señalándolas en su cuerpo o en un muñeco. Es el momento en que puede, por ejemplo, señalar “la rodilla” o “el codo”, y usar su cuerpo en juegos de imitación.
  • Etapa estructural (a partir de 5–6 años): se consolida la lateralidad, el control postural fino y la capacidad para representar el cuerpo (por ejemplo, dibujar una figura humana coherente con cabeza, tronco, extremidades, detalles). El esquema corporal se estabiliza como soporte del pensamiento visoespacial, simbólico y motor planificado.

¿Qué se observa cuando un niño tiene dificultades con su esquema corporal?

Puede tropezar con frecuencia, evitar actividades físicas, tener miedo a los columpios o a caminar sobre superficies irregulares. No sabe dibujar una figura humana (solo hace cabezas o palos), confunde izquierda y derecha o no se reconoce bien en vídeos. No es torpeza sin más: es un cuerpo mal representado, que no se integra bien en el pensamiento.

Pensamiento no verbal: qué es y qué está implicado

El pensamiento no verbal hace referencia a la capacidad de representar, anticipar, organizar y manipular información sin necesidad de lenguaje articulado.

Este tipo de pensamiento se manifiesta en habilidades como la resolución de problemas prácticos, la orientación espacial, el razonamiento visual, el juego simbólico y la comprensión intuitiva de situaciones.

Componentes del pensamiento no verbal:

  • Representación visoespacial: manipular mentalmente imágenes, formas, trayectorias.
  • Anticipación motriz: imaginar lo que va a ocurrir si hago un movimiento u observo a alguien actuar. Implica una representación mental de una acción ajena, sin necesidad de lenguaje.
  • Simbolización corporal: usar gestos, dramatización o acciones simuladas para representar situaciones.
  • Procesamiento emocional implícito: forma parte de las habilidades mentalistas y se refiere a comprender estados afectivos sin verbalizarlos; por ejemplo, intuir que alguien está enfadado por su expresión o postura.

¿Cómo se manifiestan las dificultades en el pensamiento no verbal?

Niños que no saben cómo coger un objeto que se les cae, que no anticipan el resultado de una acción física, que no comprenden un juego si no se lo explicas verbalmente. También aquellos que, viendo una cara de disgusto, no captan la emoción porque no pueden “sentirla” en su cuerpo.

Esquema corporal y pensamiento no verbal: ¿cómo se relacionan?

El esquema corporal actúa como estructura de base para la emergencia o aparición del pensamiento no verbal. Su desarrollo permite:

  • Representarse a uno mismo en el espacio (sin verse).
  • Simular internamente movimientos o situaciones antes de ejecutarlas.
  • Comprender la acción de otros a través del sistema de neuronas espejo, que implica la activación de patrones motores propios al observar una acción externa (Gallese et al., 1996).
  • Organizar el juego simbólico: fingir que es un animal, un personaje o un objeto exige utilizar el cuerpo como soporte de representación.

Las alteraciones del esquema corporal no solo comprometen la coordinación: dificultan la capacidad para anticipar, imaginar, dramatizar y comprender situaciones sin palabras. Es decir, comprometen las formas iniciales de pensamiento.

¿Por qué un niño con un esquema corporal inmaduro puede tener dificultades de juego?

Porque necesita tocar, moverse o tenerlo todo delante para entenderlo. Si no se ha representado bien a sí mismo, no puede representar a otro. Si no puede imaginar su cuerpo en movimiento, no puede fingir que vuela, que galopa o que es un monstruo. Por eso le cuesta tanto el juego simbólico o social espontáneo.

Implicaciones clínicas y educativas: intervenir desde el cuerpo

En el caso de niños con TEA, TDL, trastornos motores o alteraciones del neurodesarrollo, es frecuente encontrar déficits en la construcción del esquema corporal. Estos no deben abordarse únicamente como problemas de motricidad sino también como dificultades de pensamiento. Por eso, trabajar el esquema corporal y pensamiento no verbal se convierte en un eje de intervención clave tanto en contextos clínicos como educativos.

Programas de intervención como TEACCH, los modelos de intervención psicomotriz de Henri Wallon y la línea propuesta por Cristóbal Lamote de Grignon desde una neurofilosofía del cuerpo, coinciden en la importancia de experiencias corporales estructuradas como base para la emergencia del pensamiento social, la simbolización y el desarrollo de la autonomía.

“No se puede simbolizar lo que no se ha vivido” —una de las premisas del modelo ImPACT— resume bien esta relación: el niño que no ha sentido su cuerpo como una unidad coherente no puede representarlo, y mucho menos usarlo para imaginar, comunicar o compartir.

¿Qué tipo de actividades ayudan a construir el pensamiento desde el cuerpo?

Gatear por túneles, caminar sobre colchonetas, empujar objetos pesados, bailar, disfrazarse, imitar posturas, jugar a estatuas o representar cuentos con el cuerpo. También mirar vídeos donde aparece uno mismo y nombrar lo que se hace (“aquí estás corriendo”, “te caes”, “te levantas”).

Antes de hablar, hay que pensar lo que se quiere decir: el lenguaje no nace solo de la boca

En nuestro trabajo con niños que presentan desarrollo atípico —en particular, niños pequeños con diagnóstico de TEA o TDL— observamos con frecuencia que el niño puede hablar, pero no habla. Las familias se desviven haciendo que el niño repita palabras y más palabras, pero el lenguaje no emerge. No se trata de mutismo fisiológico, ni de una ausencia de lenguaje expresivo por causas anatómicas. Es otra cosa.

En estos casos, solemos decir algo así como: “Hay que trabajar el pensamiento del lenguaje”.

Porque hablar no es solo emitir sonidos. Es pensar lo que se quiere decir, querer comunicarlo, representarlo internamente, anticipar su efecto en el otro, organizarlo en la mente.

Si ese pensamiento no existe, las palabras quedan vacías. El lenguaje no tiene apoyo ni en las vivencias ni en las intenciones.

Y para que exista ese pensamiento, el cuerpo tiene que estar presente. Tiene que haberse representado. Tiene que haber vivido acciones, deseos, frustraciones, placeres, juegos… que luego puedan convertirse en ideas y, después, en palabras.

No siempre es el momento de trabajar las palabras. Muchos padres se angustian al ver que su hijo no habla, y buscan cuanto antes una intervención logopédica. Y está bien. Acudir a un logopeda no es un error. Pero cuando el lenguaje no emerge de forma funcional, el problema no suele estar en la boca, ni en la articulación, ni en los músculos. Está antes: en el pensamiento, en la representación, en la intención de comunicar. Y eso no se trabaja repitiendo palabras, sino jugando, imitando, representando, viviendo experiencias con sentido y organizando el cuerpo.

El lenguaje no se fuerza: se construye desde dentro.

 ¿Y qué significa exactamente “pensar el lenguaje”?

Significa que, antes de que el lenguaje sea realmente funcional, el niño necesita haber empezado a desarrollar ciertas habilidades básicas: darse cuenta de que hay “un otro” con quien comunicarse (intersubjetividad) y captar, aunque sea de forma intuitiva, lo que ese otro siente o necesita (habilidades mentalistas tempranas). La teoría de la mente —entendida como la capacidad de comprender que el otro tiene pensamientos distintos a los propios— aparece más adelante, sustentándose en estos pilares.Estas capacidades permiten desear comunicar, saber qué decir, cómo decirlo y para quién.

Cuando no están suficientemente asentadas, el lenguaje puede aparecer como una cáscara sin contenido: palabras que no comunican, frases que no tienen función, emisiones que no llegan al otro. Por eso, trabajar el pensamiento del lenguaje es, en realidad, trabajar las bases relacionales y cognitivas que hacen posible que el lenguaje sea útil, humano y compartido. Es decir, ayudar al niño a entender para qué sirve hablar, con quién, qué quiere decir y cómo hacerlo para que el otro lo entienda. Es enseñar que hablar no es solo decir palabras, sino comunicarse de verdad.

Si quieres saber más sobre Intersubjetividad y Teoría de la Mente, lo puedes hacer aquí: https://inespalmer.es/teoria-de-la-mente-en-tea/

Pensar con el cuerpo

Entender la relación entre esquema corporal y pensamiento no verbal es clave para promover un desarrollo equilibrado y funcional, especialmente en aquellos niños cuyo camino requiere apoyos específicos.

Antes de hablar, el niño se mueve y antes de imaginar con palabras, se representa a sí mismo en la acción. El pensamiento no nace del vacío: nace del cuerpo que explora, que tropieza, que anticipa, que imita.

Por eso, intervenir sobre el cuerpo no es solo trabajar la motricidad: es estimular la capacidad de pensar sin palabras, preparar el terreno para el lenguaje, la planificación, la empatía y la representación simbólica.

Entender la relación entre esquema corporal y pensamiento no verbal es clave para promover un desarrollo equilibrado y funcional, especialmente en aquellos niños cuyo camino requiere apoyos específicos.

Y es que para construir pensamiento, primero hay que haber vivido. Y para vivir, el cuerpo tiene que estar presente: tocando, moviéndose, equivocándose y descubriendo